Claus y Lucas- Agota Kristof

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Algunos recibían cartas que les entregaban las enfermeras, o se las leían si ellos no sabían leer. Más adelante yo leí las cartas a los que no sabían y me pedían que lo hiciera. Por lo general les leía exactamente lo contrario de lo que decían las cartas. El resultado era, por ejemplo, el siguiente:

<<Querido hijo, no te cures, por lo que más quieras. Estamos estupendamente sin ti. No te encontramos a faltar en absoluto. Ojalá que sigas siempre aquí, porque no tenemos gana ninguna de tener un inválido en casa. Pese a todo te mandamos un abrazo y procura ponerte bien porque esta gente que te cuida tiene mucho mérito. Nosotros no lo haríamos. Tenemos mucha suerte de que haya alguien que haga contigo lo que en realidad tendríamos que hacer nosotros, porque en nuestra familia, donde todos gozamos de buena salud, ya no hay sitio para ti. Tus padres, tus hermanas y tus hermanos>>

El chico al que leía la carta me decía:

-La enfermera me ha leído la carta de otra manera.

Yo decía:

-Te la ha leído de otra manera porque no quería disgustarte. Yo te he leído lo que está escrito. Creo que tienes derecho a saber la verdad.

Él decía:

-Tengo derecho, pero la verdad no me gusta. La carta era mejor antes. Ha hecho bien la enfermera leyéndomela de otra manera.

Y se echaba a llorar.

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